La ilusión del progreso
- raquelbellopatricio
- hace 2 días
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Hoy me he levantado muy pesimista.
Porque la deriva geopolítica internacional es intragable. La guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto Israel-Palestina, la guerra civil en Sudán, la inestabilidad en Siria, Yemen, Etiopía, y la región del Sahel, el Kurdistan, Irán…

El ruido ha sustituido al sentido, el sistema ya no ofrece futuro sino inercia. Aquella promesa de la Ilustración - la razón y el progreso nos harían libres— ha terminado convertida en una maquinaria que optimiza, calcula y descarta. No personas, sino variables.
La modernidad, lejos de ser el camino infinito hacia el bienestar, nos ha conducido a un callejón sin salida donde el crecimiento es insostenible y la deshumanización es la norma.
Hay una fatiga colectiva, unas ganas de desertar de un sistema que prioriza el algoritmo sobre el espíritu. Es el instinto de no colaborar con lo que nos deshumaniza, de no fingir entusiasmo donde ya no hay verdad.
Muchos sentimos esas ganas de desertar. Por cobardía, o tal vez, por integridad. La decadencia moral está llegando a extremos inauditos, y empieza a ser confusa la línea entre lo superficial y lo esencial, lo vano y lo importante.
Tal vez estemos viviendo el fin del mundo, o tal vez es una época en la que la tarea ya no es progresar indefinidamente, sino cuidar lo que aún no está podrido: buenas personas, gestos amistosos, trabajos bien hechos, vínculos no tan optimizados o silencios con poco rendimiento y mucho significado.




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